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Tal para cual: Podría equipararse con la frase de tal palo, tal astilla, ya que refiere a las virtudes y defectos que hermanan a dos personas.

Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se rompe: El cántaro es una gran vasija -generalmente, de barro- que las mujeres de la antigüedad llevaban a la fuente o al río para cargarlas con agua. Por supuesto, de tanto ir y venir desde y hacia la fuente, muchas veces se rompía debido al material de que estaba construido. En la actualidad, la frase se usa para recalcar que, ante la insistencia de una persona en determinada actitud, finalmente termina por provocar un contratiempo.

Tener agallas: Ser osado o valiente ante cualquier situación; mostrar resistencia ante la adversidad. El término agallas no se refiere a las branquias de los peces, sino a las protuberancias de la corteza de algunos árbo-les, que tienen una forma parecida a los testículos del hombre.
 
Tener cola de paja: Antiguamente, el dicho completo era "el que tiene cola de paja no debe acercarse al fuego", debido a que teniendo la cola de paja y al aproximarse al fuego, las probabilidades de combustión se acrecientan. En la actualidad, es una acusación a quien se siente responsable de algo que ha sucedido, sin haber recibido explícitamente el cargo.

Tener cuerda para rato: Tener mucha vida por delante o tener mucho tiempo para dedicarle a una actividad o a una persona.

Tener el rancho cascoteado/Tener la manzana rodeada: Ambas frases aluden a la circunstancia de sentirse acosado y seriamente comprometido. Tener el rancho cascoteado se usa con mayor frecuencia en el ámbito rural, debido a que menciona la clásica vivienda del gaucho; tener la manzana rodeada, en cambio, es más usada en la ciudad y la acción se compara con el procedimiento utilizado por la policía, cuando rodea la manzana para lograr la detención de un delincuente.

Tener gancho: Locución usada preferentemente en el ámbito escolar, donde se la aplica al niño o niña que, por cuestiones de simpatía personal, goza de la preferencia de su maestra o maestro.

Tener la vaca atada: Tener la riqueza asegurada, no pasar apremios.

Tener malas (o pocas) pulgas: Ser una persona de mal carácter.

Tener muchas horas de vuelo: En el ambiente de los pilotos de avión es muy importante la experiencia acumulada, y como la experiencia sólo se obtiene practicando el vuelo, es común que cuantas más "horas de vuelo" tenga un piloto, mayor será su posibilidad de progreso y reconocimiento. En sentido figurado, la expresión puede aplicarse en la vida cotidiana.

Tener muchos humos: Existía entre los romanos, la tradicional costumbre de adornar el atrio de las viviendas con los bustos y retratos de toda su ascendencia, con el objeto de demostrar la longitud y la importancia de su linaje. Estos objetos, por efecto del humo y del paso del tiempo, adquirían una coloración oscura de la que los habitantes de la casa solían ufanarse, ya que cuanto más intensa era esa pátina de ranciedad, más crecía la respetabilidad de la familia, en base a la memoria de sus ancestros. Ese es el origen de la expresión tener muchos humos que hoy aplicamos análogamente para manifestar la fea actitud de quien actúa con engreimiento y presunción inmoderados. El mismo valor adquirió la locución subirse los humos a la cabeza.

Tener ojos en la nuca: Estar muy prevenido y alerta, como si esa persona real-mente tuviera un par de ojos en la nuca y así pudiera observar lo que sucede a sus espaldas.

Tener sangre de pato: Ser muy tranquilo, pusilánime, no reaccionar ante la adversidad o ante la agresión, comparado con el pato cuya pasividad es notable.

Tener tupé: Tener atrevimiento, desfachatez, descaro.

Tener un cocodrilo en el bolsillo: Ser amarrete, "agarrado", avaro, poco amigo de poner dinero propio, como si realmente dentro de su bolsillo tuviera un cocodrilo que le impidiera meter la mano.

Tener un corazón de oro: Podría equivaler a tener un gran corazón, debido a que para nosotros, "tener corazón" tiene el valor de "ser bueno" y si además de tener corazón, decimos que es "de oro", estamos hablando de alguien cuya bondad merece destacarse.

Tener un palenque donde rascarse: Locución extraída del Martín Fierro, una de cuyas estrofas dice Hacéte amigo del juez / no le des de qué quejarse / y cuando quiera enojarse / vos te debés encoger / pues siempre es bueno tener / palenque ande ir a rascarse". El palenque es el palo grueso clavado verticalmente a la tierra para amarrar animales bravos.

¿Tengo monos en la cara?: Expresión socarrona que advierte a quien está dirigida que quien habla no es un tonto del cual todos pueden reírse, como si realmente tuviera monos en la cara.

Tiene razón, pero marche preso: Frase que se utiliza para descalificar cualquier justificación de alguna actitud equivocada de una persona, debido a que no importa lo que ella manifieste, lo mismo habrá de ser culpable de lo sucedido. Es como si le estuviera negada toda justificación.

¡Tierra, tragáme!: Locución que suele pronunciar aquella persona que, por vergüenza, quiere evitar ser visto en determinado lugar, como si en verdad deseara que la tierra lo hiciera desaparecer.

Tira y afloja: Locución que, en sentido figurado, se aplica para dar a entender que las tratativas sobre un asunto parece que se definen en un sentido, luego en el otro y así sucesivamente. El origen es un juego infantil cuyos contendientes tomaban los extremos de cintas de colores y comenzaban a tirar hacia uno y otro lado.

Tirar de la lengua: Tratar de hacer hablar a una persona para que devele secretos que nos interesan particularmente, como si uno literalmente tirara de su lengua para hacerla hablar.

Tirar la casa por la ventana: Festejar de una manera desmedida, gastar con esplendidez. El origen del modismo podría ser una costumbre de principios del siglo XIX, por la que el ganador de la lotería tiraba -literalmente- la casa por la ventana, arrojando los enseres de su hogar, indicando que comenzaba una nueva vida.

Tirar la manga: Literalmente, pedir plata o bienes materiales. La acción se la compara con el hecho de que cuando el limosnero pedía algo a una persona, lo hacía tirando de la manga de su saco.

Tirar la piedra y esconder la mano: Causar daño a otro, tratando de ocultarse para eludir la responsabilidad. El modismo parece provenir de la obra del filósofo Platón "El banquete", en la que uno de los personajes la utiliza.

Tirar la toalla: Expresión y acción propias del boxeo, por la cual los asistentes de un boxeador (segundos) arrojan la toalla, en señal de abandono de su pupilo quien está siendo sometido a una gran paliza. Originariamente, los segundos arrojaban la esponja con que se refresca el cuerpo del pugilista, pero después se optó por la toalla por ser más visible a los ojos del espectador.

Tocar de oído: Hablar u opinar sin fundamento, particularmente hablando en base a lo que otras personas opinan. Se la puede comparar con la expresión hablar por boca de ganso.
 
Tocar el cielo con las manos: Estar muy feliz; alcanzar la gloria, como si uno pudiera realmente llegar hasta el cielo con las manos.

Tocar el piano: Robar, hurtar, quitar con habilidad manual, imitando el movimiento que realiza el ejecutante de piano, pero en este caso, practicado sobre la billetera de la víctima y no sobre el teclado.

Tocar madera: Expresión familiar supersticiosa para alejar algún mal, consistente en dar un golpe suave en cualquier objeto de madera. Procede de una milenaria costumbre basada en la creencia de que en las vetas moradas de la madera reside el genio del Fuego y la Vitalidad.

Todo bicho que camina va a parar al asador: Es una afirmación tomada del Martín Fierro, de José Hernández y está basada en el antiguo concepto de que cualquier animal es bueno para ser asado y comido. Con el tiempo, la expresión comenzó a aplicarse en referencia a algunas personas, cuyas actitudes las hacen merecedoras de un final previsible, aunque en las décadas de los años ‘40 y ‘50, la frase comenzó a ser utilizada en tono festivo, para subrayar la noticia del casamiento de algún joven, en alusión al inevitable final de todo soltero.

Todo tiempo pasado fue mejor: Proverbio romántico que expresa una preferencia por las épocas pasadas, en comparación con las actuales.

Todos los caminos conducen a Roma: En la época de los césares, la prevalencia de Roma era tal, que todos los caminos del Imperio llevaban a la capital. Posteriormente, la trascendencia de la máxima figura de la Iglesia católica -el Papa- dio lugar a la difusión de la frase. Trasladada a la actualidad, la locución representa la idea de que hay muchas maneras de llegar a un lugar.

Todos los problemas se arreglan en la cama: Dicen muchos matrimonios que la solución a sus conflictos de pareja se halla en la cama. De los problemas extra matrimoniales, no hay tanta estadística.

Tómalo o déjalo: Pone al hombre ante la opción de aceptar lo que se le ofrece o despreciar la oferta.

Tomar la ocasión por los pelos / la ocasión la pintan calva: Son dos dichos que tienen la misma procedencia, aunque el primero es muy popular en España y el segundo, más usado entre nosotros. Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer hermosa, desnuda y con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir tomar la ocasión por los pelos, se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado -y al no tener pelos por detrás- sería imposible agarrarla. Con el tiempo, la expresión perdió algo de su sentido original y comenzó a ser utilizada para dar a entender que una cosa se logra más por suerte que por capacidad. Respecto de la variante (a) la ocasión la pintan calva, alude a la posibilidad inminente de alcanzar un logro y que por ninguna causa puede desperdiciarse la oportunidad.

Tomar las de Villadiego: Si existe un dicho popular de origen español cuyo origen es controvertido, sin duda es este que nos ocupa ahora. Sobre lo que no se tiene ninguna duda es respecto de su antigüedad, ya que se lo menciona por primera vez en La Celestina, la célebre tragicomedia de Calisto y Melibea escrita en parte por Fernando de Rojas, donde se hace referencia a las "calzas de Villadiego". Pero los estudiosos no se ponen de acuerdo acerca de su procedencia: para algunos, alude a un determinado tipo de calzones -calzas- que se confeccionaban por entonces en el pueblo burgalés de Villadiego; para otros, evoca la figura del aventurero que llevaba ese apellido, quien por alguna razón que se desconoce, se vio obligado a escapar precipitadamente de determinado lugar. Existen otras versiones no menos contradictorias, una de las cuales sostiene que se refiere a las alforjas que se fabricaban en la ciudad de Villadiego, aludiendo a que éstas son lo primero que se toma cuando se huye de un lugar, pero en realidad, se trataría de las calzas, que sí son lo primero que uno toma en su huida. Pero sea como fuere, el significado de la frase tomarse las de Villadiego tiene en todos los casos el mismo sentido: huir, salir en estampida por efecto de una contingencia súbita e imprevista.

Tomar a pecho: Tomarse alguna cosa muy en serio, con total responsabilidad. Si se trata de algo realmente trascendente, la frase vale como estímulo; si se trata de «tomarse a pecho» alguna broma, es algo criticable.

Tomar el pelo: Lisa y llanamente, cargar a alguien, hacerle burlas, sin llegar a la ofensa grave.

Tomar el toro por las astas: Ocuparse de solucionar un problema de manera personal y efectiva. 
Cuando se quiere derribar al toro sin elementos extraños, la única solución es tomarlo por las astas; con las dificultades sucede algo parecido.

Traer a colación: Introducir un tema dentro de otro similar al que está siendo tratado. Antiguamente, se llamaba colación a la conferencia o debate que hacían los miembros de una congregación religiosa.

Tropezar dos veces con la misma piedra: Es una crítica a la reincidencia. Es difícil que alguien tropiece dos veces con la misma piedra; de hecho, dicen que el hombre es el único ani-mal que lo hace. Se supone que también debe de ser difícil que alguien se encuentre dos veces con el mismo grave problema.

Tarde piaste: Generalmente, cuando oímos una queja, pedido de auxilio o justificación algo tardíos, de manera que resulta prácticamente imposible atender, solemos utilizar irónicamente el dicho tarde piaste, integrado por el adverbio de tiempo y el participio del verbo "piar". En realidad, en el propio sentido de este verbo está contenido el significado del dicho, sobre cuyo origen se manejan varias versiones, aunque se coincide en lo más esencial. La más acertada habla de un par de estudiantes gallegos que, en ocasión de jugarle una broma a un tercero, apostaron a quién de los tres se atrevía a tragar un huevo cocido, de un solo trago. Aceptada la apuesta, los dos pícaros pusieron dos huevos cocidos y uno crudo, que se encargaron de dar al incauto. Este tomó el huevo y en el momento de pasar por la garganta del joven, el pollito pió, lo que hizo que aquel exclamara... ¡tarde piache! (forma gallega de decir ¡tarde piaste!). En la actualidad, lo seguimos utilizando con el mismo sentido que en sus orígenes.

Tener buena (o mala) sombra: No importa si el origen de este dicho es andaluz o gitano, el caso es que proviene del valor que se da en esas latitudes -tan intensamente bañadas por el sol- a la sombra, especialmente durante los rigores del verano. Efectivamente, la sombra cumple allí un papel de primer orden y ello explica que el pueblo andaluz -siempre tan ocurrente- haya venido a atribuirle incluso valor sicológico, al decir buena (o mala) sombra. Así, tener buena sombra se volvió sinónimo de "tener gracia, donaire, ingenio", en tanto tener mala sombra equivale a "ser pesado, molesto, inoportuno y carente de todo atractivo".

Tener buenas aldabas: Si bien no es éste un dicho muy difundido entre nosotros, su explicación merece ser incluida en esta selección, debido a que -de acuerdo con su significación- podría adaptarse perfectamente a las características de nuestra sociedad, sobre todo en nuestra época colonial. Aldaba es el nombre de la pieza de metal abatible que se instalaba (todavía hay casas que la tienen) para llamar por medio de la percusión, lo que nosotros denominaríamos un "llamador". Pues, aunque hoy este elemento ha caído en desuso debido a los cambios experimentados en la construcción de los modernos edificios y sólo se lo utiliza como motivo suntuario y decorativo, en el pasado era un adminículo inseparable de toda puerta principal de la vivienda, es decir, que no se concebía una casa de familia sin su correspondiente aldaba en la puerta. Y cuanto más caprichosas y artísticas eran sus formas, más distinguida era la mansión. El refrán primitivo dice a tal casa, tal aldaba, expresando precisamente esa idea de preeminencia que establecía la presencia de ese objeto. Del mismo modo, el dicho tener buenas aldabas, en el lenguaje coloquial significaba que esa familia contaba con amistades poderosas cuya influencia podía aportar, en determinadas circunstancias, protección o favores invalorables.

Tener el baile de san Vito: Cuando una persona se muestra nerviosa e inquieta, le decimos despectivamente que parece que tiene el baile de san Vito o sambito.
El origen de esta expresión está en la invocación que se hacía en la Edad Media a San Vito -o Guiodo- contra una grave afección nerviosa que recibió el nombre de este mártir. Caracterizada por movimientos involuntarios y sin propósito aparente, esta dolencia se conoce como corea reumática o corea de Sydenham. Según la leyenda, San Vito, mártir en el año 303, sufría terribles convulsiones causadas por las torturas a las que fue sometido en Lucania (Italia).

Tener más cuento que Calleja: De las personas cuya fantasía les lleva a falsear la realidad de forma intencionada o no, se dice que tienen más cuento que Calleja.
El origen de esta expresión está en la figura del editor Saturnino Calleja y Fernández (1855-1915). A la temprana edad de 20 años, este burgalés fundó en Madrid su editorial, casa que ha publicado gran cantidad de libros de carácter pedagógico y recreativo. Calleja y Fernández fue conocido sobre todo por su ingente producción de cuentos. Entre los más conocidos figuran: Las tres preguntas, Testigos con alas, El tesoro del Rey de Egipto, El anillo de Ginés y Chin-Pirri-Pi-Chin.

Tener más orgullo que don Rodrigo en la horca: Cuentan que don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, fue protegido del rey Felipe III, pero cuando accedió al trono Felipe IV y al obtener la preferencia de éste el conde-duque de Olivares, don Rodrigo no sólo cayó en desgracia sino que fue víctima de un proceso ruidoso en el que, entre otras gravísimas acusaciones, se le imputaba el envenenamiento de la reina Margarita, muerta en circunstancias muy extrañas. Condenado a morir decapitado, don Rodrigo recibió la noticia con impresionante entereza y así subió al cadalso, mientras la concurrencia se manifestaba con rumores y, sobre todo, con admiración. El condenado, entonces, abrazó al verdugo y entregó su alma pronunciando el nombre de Jesús. Esta arrogante actitud y compostura dio origen al dicho tener más orgullo que don Rodrigo en la horca con el que usualmente se pondera la actitud de quien, incluso en las circunstancias más adversas, mantiene inquebrantable su orgullo.

Tener muchas ínfulasEn la Antigüedad, se llamaban "ínfulas" a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas llamadas "vittae", una a cada lado de la cabeza. Las "ínfulas" se usaban arrolladas en la cabeza a manera de diadema o corona, y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos, como señal distintiva de su dignidad. Con estas "ínfulas" se adornaban también los altares y -en algunas ocasiones- las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Pero cuantas más eran las ínfulas y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba, por lo que, era muy común escuchar hablar de víctima de muchas ínfulas. Con el tiempo, el dicho pasó a designar a todo aquel que actúa con habitual vanidad y orgullo desmedidos y, por lo general, despreciando al prójimo.

Tener vista de Lince: Con este dicho, tenemos que admitir que se ha cometido un error histórico que se ha mantenido a través del tiempo. Y todo debido en parte a una equivocada transcripción (algo muy frecuente en nuestra lengua) así como a un acertado concepto científico que involucra a este felino. Existía un rey de Mesenia -antigua ciudad del Medio Oriente- llamado Alfareo, cuyo hijo era famoso por la capacidad visual de que gozaba, ya que era capaz de distinguir desde su atalaya en Libia, la partida de una flota enemiga desde Cartago. Y no sólo eso; se decía además, que era capaz de atravesar con su mirada toda clase de objetos sólidos. Sucedía que el nombre de este descendiente de nobles era Linceo y fue él quien dio origen al dicho popular tener vista de Lince, que era como se decía en los primeros tiempos y no tener vista de lince, como lo hacemos en la actualidad. Coincidentemente, el felino que nos ocupa ostenta con orgullo el mérito de ser uno de los animales con mejor visión entre todos los seres de la tierra, pero no fue él precisamente el que originó este dicho tan popular, usado hoy para destacar la capacidad visual de alguien.

Tirar de la manta: En el siglo XV, los judíos fueron expulsados de Navarra, salvo los que se convirtieron al cristianismo. Para distinguir las familias conversas del resto de los fieles, se colgaron en las iglesias unos lienzos, llamados mantas, con los nombres de sus miembros. La expresión 'tirar de la manta', que hoy significa revelar un secreto, se empleó en un principio para buscar en los lienzos el origen converso de una persona. 
 
Tragar el paquete: Durante mucho tiempo, en España los cigarros puros se expendían en "atados" (y nunca mejor aplicado el término, debido a que estaban liados con una cinta) de seis unidades, desprovistos de cualquier envoltorio, lo que permitía al consumidor examinar minuciosamente el producto antes de comprarlo (observar el color, oler su aroma, contar las unidades...). Pero, sucedió que un buen día, la Compañía Arrendataria de Tabacos resolvió anular este sistema y ofrecer los cigarros guardados en estuches que mostraban el contenido sólo a través de una pequeña abertura. La innovación causó gran desagrado entre los fumadores, lo que motivó que se pusiera de moda la frase tragar el paquete, con la que se daba a entender que al usuario no le quedaba otra alternativa que aceptar como bueno -aunque no lo fuese- el tabaco empaquetado. El dicho se extendió luego al uso general, justificando toda actitud arbitraria e inconsulta.

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