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Mal de muchos, consuelo de tontos: No podemos consolarnos ante una desgracia evitable, justificándonos diciendo que eso les sucede a muchos otros.

Mandar a freír espárragos: Entre nosotros, equivale a insultar a una persona, "mandándola" a un lugar muy alejado, aunque en realidad, la idea original debería ser otra, debido a que los espárragos no se fríen, por lo que se supone que la expresión estaría destinada a "mandar a una persona a cumplir con algo imposible". En inglés, por su parte, el sentido sería "anda a tirarte al lago". Entre nosotros, existen las variantes anda a freír churros y anda a freír buñuelos. Mandar al otro mundo: Matar, eliminar a una persona.

Mambrú se fue a la guerra: Es el título de una canción popular compuesta por los franceses durante la guerra de la Independencia, suponiendo que había muerto su archienemigo John Churchill, duque de Marlborough, militar inglés que había participado también en la Guerra de Sucesión española. La pronunciación popular del difícil nombre Marlborough dio origen a la palabra Mambrú, con la que se tituló la canción que primero fue cantada por los soldados y patriotas franceses. El tema pasó muy pronto al olvido, hasta que la nodriza del delfín francés, contratada por María Antonieta -esposa de Luis XVI- comenzó a arrullar al niño con esta canción, lo que causó mucha gracia a los reyes y muy pronto, todos la entonaban en el palacio de Versailles. Por influencia de los Borbones, en España volvió a difundirse la canción y recobró su popularidad, sobre todo, entre las niñas, que la cantaban mientras jugaban a la rayuela. En nuestro país, Mambrú se fue a la guerra identifica una de las canciones infantiles más populares desde la época de la Colonia.

Mandar a la porra: Antiguamente, en el ámbito militar, el soldado que ejecutaba el tambor mayor del regimiento llevaba un largo bastón, con el puño de plata y mucha historia detrás, al que se llamaba "porra". Por lo general, este bastón era clavado en un lugar alejado del campamento y señalaba el lugar al que debía acudir el soldado que era castigado con arresto: "Vaya usted a la porra", le gritaba el oficial y el soldado, efectivamente, se dirigía a ese lugar y permanecía allí durante el tiempo que se mantenía el castigo. Posteriormente, fue cambiada la forma de castigo, pero la expresión mandar a la porra quedó en el uso del lenguaje del pueblo con un matiz netamente despectivo.

Mantenerse en sus trece: Este es otro de los dichos sobre cuyo origen hay opiniones encontradas. Mientras algunos sostienen que proviene de la obstinación con que el antipapa español Pedro de Luna, durante el cisma de Occidente, mantuvo sus derechos al trono bajo el nombre de Benedicto XIII, para otros es simplemente un modismo residual de cierto antiguo juego de naipes, en el que, a la manera del que nosotros conocemos como el siete y medio, la cantidad de tantos máximos para poder ganar el juego era "quince". De esta forma, sucedía con mucha frecuencia que el jugador, al alcanzar ocasionalmente los trece puntos y por temor a pasarse de la cantidad ideal, se rehusaba a pedir otra carta y se plantaba en ese número. Sea cual fuere el origen del dicho, la expresión mantenerse en sus trece ha pasado al lenguaje popular como sinónimo de terquedad y persistencia porfiada en mantener una opinión o en cumplir una tarea determinada.

Mañana será otro día: Frase usada como consuelo o amenaza ante la adversidad y también como pretexto para no hacer una cosa en el día de la fecha, originada en un cuento que narra la historia de un tuerto que salió de noche a recoger espárragos y como no veía nada, desistió y exclamó -a manera de excusa- mañana será otro día.

Marchar a la francesa: Durante el transcurso del siglo XVIII, existía entre las personas de la alta sociedad francesa una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Llegó a tal punto este hábito, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida. No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse. Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma marchar a la francesa, pero en este caso como equivalente de reprobación del comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión.

Más "cornás" da el hambre: Respuesta del torero Manuel García, El Espartero, cuando le preguntaban si no temía arriesgarse tanto en la plaza. Murió de una mala corná.

Más feo que Pico: En el siglo XIX, Picio fue un zapatero granadino condenado a muerte que, de pronto, fue indultado. De la impresión, perdió pelo, cejas y pestañas y se convirtió en paradigma de fealdad.
Más vale malo conocido que bueno por conocer: Es preferible tratar con alguien conocido a quien se le señalan los defectos y no con alguien que viene precedido de excelentes referencias, pero que aún no hemos visto desempeñarse. 

Más vale maña que fuerza: Se obtiene mayor partido de la suavidad y la destreza que de la violencia y el rigor.

Más vale pájaro en mano que ciento volando: Es preferible conservar lo poco que se tiene y no quedarse lamentando lo que podría haberse obtenido. El uso ha apocopado la palabra ciento en cien, desconociendo que la palabra ciento sólo puede acortarse delante de un sustantivo (cien pájaros).

Más vale prevenir que curar: Podría asimilarse esta frase con su equivalente hombre prevenido vale por dos, debido a que la prevención es la mejor consejera para evitar consecuencias lamentables.

Más vale ser cabeza de ratón que cola de león: Siempre es mejor ser el primero en un lugar humilde que el último en un lugar notable.

Más vale tarde que nunca: Es una frase que sirve como consuelo y justifica la demora en llegar a un lugar o en obtener un logro.

Matar dos pájaros de un tiro: Equivale a obtener un logro por partida doble, como si uno realmente pudiera abatir a dos pájaros con un solo disparo (o con una sola piedra, como dice la versión en inglés).

Matar la gallina de los huevos de oro: Frase basada en una fábula de Esopo que cuenta la historia de un hombre que poseía una maravillosa gallina que ponía huevos de oro. Suponiendo que su interior estaría lleno del preciado metal, la mató y se encontró con la cruel realidad.

Matrimonio y mortaja del cielo bajan: En esta locución, se habla de dos sacramentos de la Iglesia católica: el Matrimonio y la Extremaunción y, como tales, deben ser considerados recibidos de la propia mano de Dios. La rima festiva se ha hecho en base a que, en ambos casos, el hombre debe tomarlos como hechos del destino y acatar lo dispuesto por el Creador.

Me lo contó un pajarito: En general, las aves siempre han tenido fama de ser portadoras excepcionales de buenas y malas noticias. Tanto en la Biblia cuanto en la literatura clásica abundan ejemplos de esta afirmación que certifican la vigencia del dicho. Una de las muestras antiquísimas de esa creencia es el difundido arte de predecir el futuro por el vuelo y el canto de los pájaros (augur, augurio...). Otra, más cercana en el tiempo, está representada por el uso de las palomas mensajeras, que han prestado siempre valiosos servicios a las tareas de información y comunicación. Todo ello explica la antigüedad de la frase me lo contó un pajarito, con la que solemos ocultar risueñamente el conocimiento del origen de alguna noticia llegada a nosotros de manera confidencial.

Mear fuera del tarro: Irse de una cuestión, salirse del tema, como quien realmente orina fuera del recipiente.

Mear fuera del tiesto: En la mayoría de las regiones españolas, un tiesto es un vaso de barro cocido que sirve para criar plantas. Pero en Castilla también equivale a orinal. Así pues, mearse fuera del tiesto significa orinarse fuera del orinal y, en sentido figurado, salirse de la discusión, y hacer o decir un despropósito. 
 
Media naranja: Equivale a la esposa (o novia) o al esposo (o novio), uno respecto del otro. El origen podría ser el hermoso mito de la aparición de los dos sexos humanos, según lo cuenta Platón, por el que al principio el ser humano era sólo uno, asexuado, que vivía en perfecta armonía. Pero, un día desobedeció a los dioses y éstos lo castigaron separándolo en dos mitades (como a una naranja): hombre y mujer, y los condenó a vagar eternamente buscando la otra mitad para recuperar su completa felicidad.

Mejorando lo presente: Locución que, a modo de cortesía, se usa para alabar o hablar bien de alguien que se encuentra presente en ese lugar.

Memoria de elefante: En realidad, dicen que la memoria del elefante no es muy buena, debido al tamaño de su cráneo, pero que sí recuerda muy bien a la persona o cosa que le ha hecho daño. De ahí, la aplicación de la frase.

Menos averigua Dios y perdona: Frase que expresa la idea de que, hasta el mismo Dios perdona a quienes somos pecadores, sin necesidad de conocer nada más que nuestro arrepentimiento, por lo cual nadie puede exigirnos saber más de nosotros. La frase habría sido la respuesta de un diácono al cura -célebre éste, por su gran apego a las monedas- quien una vez le preguntó de dónde había sacado dinero para hacer las compras para la parroquia.

Menos lobos: Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos, tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo había visto la cola de un animal. 

Mens sana in corpore sano: Aforismo latino extraído de la Sátira X, de Juvenal, cuyo significado es alma sana en cuerpo sano y señala la ventaja de una buena salud del cuerpo para gozar de un buen espíritu. La locución completa es oremos para que haya una mente sana en cuerpo sano.
Meter la mula: Hacer trampa, tratar de engañar a alguien, con una treta. El origen de la frase se remonta a la época en que los cargamentos de cereales y forrajeras se trasladaban en mula y, cuando llegaba el momento de pesar la carga, el productor o su representante introducían en la balanza -además del cargamento- la mula que lo portaba, para así aumentar el peso total.

Meter la pata: Equivocarse, cometer errores, generalmente, por torpeza o descuido, como cuando alguien «mete» literalmente la pierna en un agujero, grieta o zanja.

Meter violín en bolsa: Equivale a la expresión irse con la música a otra parte y se aplica en referencia a la bolsa en la que el violinista guardaba su instrumento.

Meterse en camisa de once varas: La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto como once varas (serían más de nueve metros). La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.

Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.

Mezclar la hacienda: Entreverarse las amistades de alguien con otras que pertenecen a distinto estrato social, actividad profesional o preferencia ideológica, como si realmente la hacienda de uno se mezclara con la de otro.

Mientras hay vida, hay esperanza: Podríamos decir también la esperanza es lo último que se pierde y estaríamos afirmando una de las frases más optimistas y positivas que existen en nuestra lengua.

Mira quién habla: Frase utilizada para recriminar a quien señala o critica en los otros, defectos que él también tiene.

Modestia aparte: Expresión usada a modo de justificación, cuando uno habla bien de sí mismo, para no pecar de inmodesto.

Mojar la oreja: Frase que simboliza el reto a pelear con alguien. Por extensión, la expresión se utiliza para aludir a cualquier acción de desafío, real o simbólica. El gesto procede de una parodia sacrílega del ritual del bautismo por el que el sacerdote mojaba la oreja del niño, mientras exclamaba "¡Ábrete!", ordenando simbólicamente que se abrieran los oídos para escuchar las verdades de la fe.

Montar en cólera: Estar enojado, con mucha rabia, con ira. "La" cólera -no "el" cólera, la enfermedad- es sinónimo de "ira, enojo, enfado".

Morderse la lengua: Es una frase que expresa la idea de mantenerse callado, no hablar, sobre todo cuando es imprescindible permanecer en silencio para no comprometer a alguien o no cometer indiscreciones. Literalmente, si nos mordiésemos la lengua, no podríamos hablar; por eso, la sugerencia de hacerlo antes que decir una palabra.

Morir con las botas puestas: Equivale a morir en pleno trabajo y la comparación surge de la característica de los soldados que morían en la guerra en medio de la lucha y con el calzado puesto.

Moros en la costa: Divulgaron el dicho las milicias populares que se dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos. 

Mosquita muerta: Sirve para designar a la persona de ánimo o temperamento apocado, pero que suele sacar provecho de su situación, a través de actitudes poco frecuentes en ella.

Mostrar la hilacha: Descubrir la verdadera personalidad de uno, mostrarse tal cual es, exponiendo los defectos de que se adolece, como si uno realmente estuviera en la intimidad de su casa vistiendo ropas de entre casa en las que se ven las hilachas de la costura.

Mover cielo y tierra: Revolver todo, agotar hasta el último recurso para conseguir algo, como si realmente "moviera" el cielo y la tierra.

Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo.

Mucho ruido y pocas nueces: Expresión tomada del título de una pieza clásica de William Shakespeare, que se aplica a la situación en que se produce mucho alboroto sin ningún resultado positivo.

Muerto el perro, se acabó la rabia: Frase digna del razonamiento de Perogrullo por la que se expresa que una vez que se extinguió la causa que producía un efecto, éste desaparece, lo mismo que sucede al morir un perro enfermo de rabia: la enfermedad deja de existir.

Música celestial: En tiempos remotos, era muy debatido el tema de la existencia o no, de tres clases de música: la instrumental, conocida por todos; la música humana, que reflejaría la armonía entre el cuerpo y el espíritu y la música celestial o mundana, también llamada "música de las esferas", considerada inaudible para los sentidos, pero que estaba determinada por la velocidad y distancia de los astros. Incluso, se llegó a afirmar que las siete notas de la escala musical se correspondían con los siete planetas del sistema Solar, mientras que las doce consonancias o series de acordes equivalían a los doce signos del Zodíaco. Para algunos, hasta se volvió motivo de preocupación averiguar si en el Cielo se cantaría esa música. Todas estas quiméricas conjeturas acabaron por dar origen a la expresión música celestial, que con el correr del tiempo se aplicó para desdeñar -por vanas e inútiles- aquellas promesas que se hacen envueltas en palabras sonoras y engañosas.

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